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lunes, 20 de enero de 2020

CRÍTICA ELYSIUM (2013), POR ALBERT GRAELLS

SISTEMA DE CALIFICACIÓN: ☆ MALA BUENA MUY BUENA EXCELENTE

Sinopsis: En el año 2159 la Tierra está superpoblada, con la población empobrecida, muerta de hambre, oprimida y reprimida. Y orbitando alrededor de la Tierra está Elysium, una base espacial donde la ricos y poderosos se han refugiado para seguir con su lujoso y ostentoso estilo de vida, por supuesto lejos de los pobres. 

El contexto de “Elysium” es bastante parecido al del cómic “Golden City”, pero hay más. Al igual que “District 9”, la ópera prima del director Neill Blomkamp, en ésta película también tenemos un trasfondo sociopolítico y socioeconómico, y en este caso muy actual. 

Los ricos y poderosos quieren vivir con un holgado y lujoso estilo de vida. Bueno, no hay nada de reprochable en ello. Todos queremos tener una holgada vida de comodidades y placeres, y si te lo puedes permitir estás en tu derecho. Los ricos y poderosos también quieren vivir lejos de los pobres y de los trabajadores. Bueno, también están en su derecho. A todos nos gusta determinar dónde queremos vivir y con quien, y si te lo puedes permitir estás en tu derecho. 

Pero claro, si eso se descontrola provoca una gran desigualdad. Por poner ejemplo. Si una persona puede tener sus necesidades cubiertas y tener una holgada vida de comodidades y placeres sencillos con unos pocos millones ¿Qué necesidad tiene de tener quinientos millones, mil millones, diez mil millones o sesenta mil millones? Con mil millones de dólares se podría solucionar la vida de diez mil familias humildes, y hay tíos que tienen fortunas de decenas de miles de millones de dólares. 

No hace falta tener diez mil millones para tener una buena vida, no hace falta. ¿En que se van a gastar los milmillonarios todo ese dinero? Simplemente lo tienen por avaricia, por tenerlo, es el ansia de tener más y más aunque no lo uses ni te sirva de nada, tenerlo todo con tal de que los demás no tengan nada. Los milmillonarios se pasan la vida siendo ricos, y aunque se dan la buena vida aun les sobra muchísimo dinero, tienen más dinero del que necesitan pero aun así lo quieren todo para ellos. 


Voy a explicarme con más detenimiento. Las diez personas más ricas del mundo suman una fortuna de 744,6 mil millones de dólares. Pongamos que cada uno de estos se queda sólo con 160 millones de dólares. Sigue siendo muchísimo dinero, el suficiente y de sobra como para vivir de la renta a todo lujo el resto de tu vida sin caprichos ostentosos ni ridículos. Nos sobran 743 mil millones de dólares. Pongamos que a cada familia humilde se le da diez mil dólares para pagar facturas y simplemente no vivir en la miseria, y tener un techo bajo el que dormir y un plato caliente a la hora de cenar. A razón de diez mil dólares por familia con 743 mil millones de dólares se puede ayudar económicamente a 74,3 millones de familias con problemas económicos, a 371,5 millones de personas con problemas económicos (eso es más que toda la población de Estados Unidos y Canadá juntas). Eso con las diez mayores fortunas del mundo, si se repartiera las fortunas de todos los multimillonarios del mundo entre las familias pobres y humildes se acabaría la pobreza en el mundo. 

La cuestión es que no hay motivo para que la mayoría de la gente sea pobre con tal de que unos pocos sean ricos. Hace unos años unos estadistas presentaron un proyecto ante las naciones unidas. En resumidas cuentas, expusieron que se podía acabar con el hambre en todo el mundo en unos años gestionando una cantidad de dinero relativamente pequeña para cualquiera de los países más desarrollados del mundo, y que si las principales potencias aportaban un tanto de ese dinero se podría conseguir esa cantidad de recursos y se podría acabar con el hambre en el mundo en unos años. Claramente las principales potencias les mandaron a tomar por saco. Pero desde que comenzó la crisis económica de 2008, el dinero que se ha utilizado para rescatar económicamente a las entidades financieras que precisamente provocaron la crisis económica es 92 veces mayor que la cantidad de dinero que aquellos estadistas pidieron para acabar con el hambre en el mundo. O sea, que los ricos y los poderosos tienen dinero para salvarse el culo a ellos mismos y darse la vida padre, pero no pueden entre todos dar una cifra 92 veces menor para acabar con el hambre en el mundo. 


Si el 1% de la población acapara el 99% de los recursos y riquezas, se crea una gran desigualdad. Es la obscenidad psicopática de los ricos y poderosos de tenerlo todo para que no lo tengan los demás. Si ese 1% de la población acaparara sólo el 40% de los recursos, seguirían siendo ricos, y el otro 99% dejaría de ser pobre y morirse de hambre. Y es posible hacerlo, pero no se hace, porque los únicos que pueden hacerlo son precisamente los que acaparan todos los recursos y riquezas, y los ricos y poderosos no van a querer ser un poco menos ricos y poderosos sólo para que los demás no se mueran de hambre y dejen de vivir en la miseria. Esto es lo que ocurrió con la crisis económica, y eso es lo que denuncia “Elysium”. 

En “Elysium” se presenta esta desigualdad de manera muy expuesta. Una manera que tiene Blomkamp de remarcar esta desigualdad es que en la película en la Tierra se habla mayormente castellano, mientras que en la base orbital Elysium se habla inglés. En la Tierra todos los carteles y rótulos están en castellano, mientras que en Elysium están en inglés. Y mientras que en la Tierra superpoblada y contaminada hace un calor del carajo y solo hay chabolas y más chabolas, Elysium parece una zona residencial de Beverly Hills y se está fresco. Y, cómo no, siempre hay desesperados que intentan entrar en Elysium en busca una vida mejor o de curarse enfermedades. Es una clara referencia a la inmigración. 

Pero Blomkamp no se conforma con eso para remarcar la desigualdad, quiere remarcar mayor desigualdad, y por eso en la película hay unas maquinas que curan de todas las enfermedades a la persona que se introduce en la máquina. Pero claro, esas máquinas sólo se encuentran en Elysium, y hay una en cada casa. Claro, uno no puede evitar preguntarse ¿les hace falta a los de Elysium tener una de esas máquinas en cada casa? ¿No les basta con tener diez o veinte de esas máquinas en un centro sanitario y que los pacientes hagan una cola de espera de cinco minutos para curarse de sus enfermedades y enviar las otras miles de máquinas a la Tierra para que los desesperados que viven allí se curen también de sus enfermedades? No hay motivo para que los miserables de la Tierra tengan que enfermar y morirse para que los de Elysium tengan buena salud y una buena vida. Pero aún así acaparan todas las máquinas para ellos solos aunque sólo necesitan unas pocas, acaparan todos los recursos para ellos solos, es la obscenidad y el egoísmo de tenerlo todo para que no lo tengan los demás, y que los desgraciados a los que aboco a la miseria se mantengan lejos de mí porque están sucios y quieren un poquito de lo muchísimo que tengo yo. 


Todo esto no es nuevo, películas como “In Time” o “Gattaca” ya mostraron un mundo de desigualdad dónde los menos afortunados son reprimidos y abocados a la marginación o a la pobreza. I, al igual que en esas dos películas, en “Elysium” la historia se centra en la lucha del protagonista por cambiar la situación en la que vive y que comparte con la sociedad marginada, reprimida y empobrecida en la que vive. Eso es muy inteligente y es un gran acierto en la historia, que se priva de llevar al protagonista como el líder de un movimiento global que puede cambiar el orden social. Eso habría hecho que la película hubiese dado por sentado que mayormente la gente oprimida es capaz de luchar junta para derrocar el régimen que los reprime, y aunque hay antecedentes como la revolución francesa de 1789, o la revolución rusa de 1917, o más recientemente la primavera árabe, esa es una idea romántica muy poco realista del que se han dado pocos casos en la historia y que queda mejor y más exageradamente ilustrada en la ficción literaria y cinematográfica. 

Sería ingenuo considerar “Elysium” como una película que llama a la revolución y a la lucha contra la desigualdad de clases, porque la película no deja de ser un producto destinado a la taquilla, y ha podido ser realizada porque han invertido en ella unos tipos que tienen mansiones en Beverly Hills, barcos de lujo en la Bahía de Santa Mónica y jets privados en hangares alquilados a cinco mil dólares al mes. El mensaje de “Elysium” es tan obvio y evidente que pierde relevancia comparado con la acción y la espectacularidad de la película que, en definitiva, es por lo que la gente la ve. Pero el hecho de que al menos da algo en lo que pensar y lo hace bien ya sitúa a “Elysium” en una de las mejores películas de ciencia-ficción distópica en lo que llevamos de siglo, aunque está muy lejos de magistrales obras del género como “Metropolis”, “Fahrenheit 451” (la buena, no esa basura de HBO) o “1984”. Ahora bien, quien quiera ver auténtica denuncia contra la desigualdad económica y represión política, es más recomendable que vea documentales como “Memoria del saqueo” o “La pesadilla de Darwin”. 

Blomkamp hizo de “Elysium” una bastante buena película debido a la distopía que imaginó, que no deja de ser un collage de los problemas de desigualdad social de nuestro tiempo, un reflejo futurista de lo que está sucediendo ahora mismo. La distopía futurista de “Elysium” es sumamente terrible y escalofriante debido a que es tan realista como el ahora. Las películas de futuros distópicos no son más que alumbramientos de nuestro presente acongojado. 


Pero Blomkamp no sólo se centró en la denuncia social, sino que cogió los diversos elementos de las distopías y los utilizó para formar un conjunto que enriqueciera la historia de “Elysium”. En la Tierra del 2159 el ciudadano no sólo tiene que aguantar el vivir en la pobreza si no que es reprimido, oprimido, perseguido y esclavizado por el poder, y muchas veces incluso humillado y torturado. A esta situación de desigualdad contribuye el entorno, un ambiente amenazante, vastas tierras baldías devastadas por la polución y el contaminado clima cubiertas de una infinita llanura de chabolas. A éste contexto, el mundo de “Elysium” es un mundo totalitarista donde los ricos y los poderosos viven en un lujoso hábitat a costa de la represión y empobrecimiento de la población terrestre. Los poderosos tienen un control absoluto y demandan un compromiso total de la clase baja para el servicio de un sistema social desigual y antidemocrático. Los ciudadanos de la Tierra son reprimidos por un robótico aparato represor que sólo obedece quien lo controla y tiene el poder, los ricos que viven a todo lujo en la base espacial mientras en la Tierra todos luchan para comer un día más, y la protesta del ciudadano por esta situación se castiga sin piedad, dejando escasa esperanza para los que pretenden luchar por una vida mejor. En la película, los que viven en la Tierra son sometidos bajo un sistema irracional controlado por impersonales máquinas burocráticas, los ciudadanos de la tierra están atrapados por la telaraña de una administración informatizada y robotizada, que destruye y hunde moral y emocionalmente al ciudadano para tenerlo sujeto en una mentalidad de aceptación de su suerte y reprimir así cualquier pensamiento de libertad no permitido. Pero, a diferencia de los de la Tierra, los ciudadanos de Elysium poseen bienestar y felicidad, pues son parte de corporaciones y multinacionales que han sustituido los gobiernos, y para mantener ese nivel de poder y riqueza esclavizan a los ciudadanos de la Tierra en sus fábricas. 

Los ciudadanos de la Tierra dejan de ser personas para convertirse en trabajadores explotados que trabajan incansablemente para vivir un día más y para que los poderos y ricos de Elysium sigan siendo poderosos y ricos. Por último, ese modo de vida exageradamente caprichoso, hasta el punto de que quieran que les pongan el caramelo en la boca para no tener que hacer ellos el esfuerzo, provoca un pasotismo y una comodidad tan elevado en los que tienen el máximo poder que ponen en peligro ese mismo modo de vivir, y en esta situación siempre se produce un golpe de Estado político o militar con motivaciones económicas y de poder. 


Por todo esto “Elysium” ya sería una notable película, no sólo en general sino también en los géneros de ciencia-ficción futurista y distópica, pero además Blomkamp le añadió a su propuesta constantes escenas de acción espectaculares, haciendo que, además de buena e instructiva, “Elysium” sea entretenida y espectacular. 

En cuanto a narrativa, la película empieza muy bien, continúa muy bien, y el tercer acto es simplemente genial y magistral. El guión, en general, es bastante bueno. Quizá haya algunos elementos que sean algo fantásticos, pero como la película se mueve en el género de la ciencia-ficción se puede permitir un par de licencias artísticas. 

La dirección de Blomkamp, que ya demostró su buen hacer con “District 9”, es determinante en “Elysium”, hizo un buen ejercicio de dirección, desde luego mejor del que hizo Andrew Niccol en “In Time”. 

Los actores están muy bien. Matt Damon está genial, como en la mayoría de sus películas. Jodie Foster está bien, pero no es su mejor interpretación. Sharlto Copley, inmenso, interpreta a su personaje muy bien. Alice Braga y Diego Luna tampoco lo hacen mal, están bien. William Fichtner es un actor inmenso, extraordinario, y aquí lo demuestra una vez más. Me encanta Wagner Moure desde que le vi en las películas de “Tropa de élite”, y en “Elysium” realiza una interpretación brillante. 

Los personajes mayormente está muy bien construidos, pero hay dos que resultan repelentes. El primero es el personaje de Alice Braga. En la película el personaje de Matt Damon le pide salir a cenar al personaje de Alice Braga (los dos personajes se conoces desde niños) y esta le dice que no, luego el personaje de Damon le dice que se conforma con tomar juntos un café y ella acepta pero sólo porque él tiene un brazo roto. Joder, la tía. Lo conoce desde la niñez y le cuesta tomar un café con él, tócate los cojones. 


El otro personaje desagradable es una monja de un orfanato de cuando el personaje de Matt Damon era pequeño, una especie de madre Teresa que le dice al niño: “Max, desde aquí Elysium es bonita, pero los que allí viven tienen una vida muy triste llena de lujos, comodidades, buena salud y felicidad. En cambio, imagina lo bellos que desde allí nos ven a nosotros, rodeados de basura, pobreza y hambruna, vistiendo ropa sucia y destripada y con los pulmones intoxicados por los carburantes que respiramos del aire. Dios nos asigna a cada uno una suerte, y a ti te toca aceptar la tuya. Tu eres un chico muy especial Max, estás destinado a algo grande, a seguir viviendo en la miseria, en la pobreza y en la opresión como uno más entre miles de millones”. Desde luego, para decirle eso a un niño que lo ha perdido todo mejor que se hubiese callado. 

Tanto la música como la fotografía y el montaje están bien realizados, pero el trabajo que más luce es el del diseño de producción, la escenografía, muy bien conseguida. El diseño de los robots y de las naves, Los Ángeles chabolista del 2159, el centro de operaciones del personaje de Moure… todo está muy bien conseguido y muy bien hecho. Es impresionante lo que hicieron en “Elysium” en cuanto a dirección artística. Los efectos especiales no se quedan atrás, pues son asombrosos. El espectador no tiene la sensación de estar viendo algo generado por ordenador, sino que tiene la sensación de estar viendo algo real, sean los robots o las naves o cualquier otro elemento tecnológico y futurista realista y maravillosamente generado por ordenador. 

En resumen. Técnica y artísticamente “Elysium” es muy notable en todos sus aspectos. Una de las mejores películas de ciencia-ficción distópica en lo que llevamos de siglo, llena de acción y espectacularidad pero con clara tesitura, y en general una película muy recomendable.

Mi calificación es: