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lunes, 25 de julio de 2016

CRÍTICA EL CASO BOURNE (2002), POR ALBERT GRAELLS

SISTEMA DE CALIFICACIÓN: ☆ MALA BUENA MUY BUENA EXCELENTE

Sinopsis: Un hombre amnésico es rescatado por la tripulación de un barco pesquero italiano cuando flota a la deriva en el mar. No lleva nada consigo. Sólo las balas que lleva clavadas en la espalda y un número de cuenta de un banco suizo que lleva adherido a la cadera. Carece de identidad y de pasado, pero posee unas serie de talentos extraordinarios en artes lingüísticas, marciales y de autodefensa que sugieren una profesión de riesgo. Confuso y desorientado, emprende una frenética búsqueda para descubrir quién es y por qué su vida ha tomado un giro tan peligroso.

“El caso Bourne”, dirigida por el siempre interesante Doug Liman (“Sr. y Sra. Smith”, “Jumper”, “Caza a la espía”, “Al filo del mañana”), es una notable cinta de espías, con escenas de acción muy bien realizadas, y un ritmo bien conseguido.

La trama resulta mucho más interesante y atractiva de la que ofrecen otras películas de espionaje de servicios secretos, como pueden ser las entregas cinematográficas de las aventuras de Jack Ryan o de Ethan Hunt. Esas propuestas suelen ser entusiastamente fantasiosas, en contrapunto con “El caso Bourne”, de mirada y trama considerablemente más realista y por tanto más próxima al espectador. Aquí no hay explosiones nucleares en Baltimore ni guantes que te permiten escalar el edificio más alto del mundo, sino una historia creíble en un contexto realista. Lo que cuenta la película no es un secreto; la manera ilícita, ilegal, delictiva y criminal que tiene la CIA de actuar.

Resulta bastante visible la inspiración u observación de Doug Liman en el hacer de John Frankenheimer para planear potentemente, a nivel visual y rítmico, éste thriller de intriga, agentes secretos y conspiraciones. Y lo hace bien, Liman aprovecha bien los referentes que usa, no los copia descaradamente, como hacen otros directores con mayor o menor acierto, sino que le sirven para construir bien la estructura del conjunto o para destacar ciertas secuencias. Ayuda a eso el trabajo musical de John Powell (“X-Men: La decisión final”, “Jumper”), con unas composiciones en su mayoría rítmicamente frenéticas, pero también con temas que evocan misterio e intriga.


Se disfruta también del trabajo interpretativo del reparto, con muy buenos secundarios, como Walton Goggins o Clive Owen, pero destacan unos estupendos Chris Cooper y Brian Cox. Franka Potente también está muy acertada. Pero la actuación que más atención se lleva es la de Matt Damon, y no porque sea el protagonista, que también ayuda, sino porque es una muy buena actuación. Matt Damon consigue mantenerse interpretativamente incluso cuando interactúa muy cercanamente con un actorazo como Chris Cooper. Damon consigue que el espectador se crea su personaje de héroe vulnerable y ángel protector. Damon hace suyo el personaje de Jason Bourne, del mismo modo que Al Pacino hizo suyo el personaje de Michael Corleone.

“El caso Bourne” consigue que el espectador se crea la película como película de espías, de agentes secretos, de servicios de inteligencia. La película consigue, al menos en su caso, hacer creíble el género en un tiempo en el que las películas de Misión Imposible o las últimas de James Bond hacen de la figura del agente secreto alguien más parecido a un superhéroe que no un mortal habitable en un mundo realista. Y no sólo es por la trama, o la historia o los personajes, porque entonces películas como “El buen pastor” o “El topo” también podrían incluirse. Se trata también de la acción, de las escenas de acción, de las coreografías de lucha y la manera en que están grabadas. En eso consigue “El caso Bourne” que su género sea más realista, y por lo tanto más cercano, y menos fantasioso, y por lo tanto menos inverosímil.

Mi calificación es: